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Las artes plásticas

el paisaje y materiales de la isla de la

Gomera, han inspirado a muchos artistas

en su carrera artística en muchas de las

facetas plásticas y fonográficas.

Pintura

en la pintura, hay que destacar al pintor

luis Alberto Hernández, nacido en Hermigua

en 1947 y uno de los artistas más recono-

cidos a nivel nacional. Su obra ha sido

reconocida en países como Francia, italia,

Mónaco y en toda españa, traspasando las

fronteras del archipiélago canario.

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El PARqUE NACIONAl DE GARAjONAy

Escultura

en escultura, el escultor Pedro Zamorano,

oriundo de Torquemada, Palencia, pero

afincado en la Gomera desde hace más de

30 años, es uno de los artistas más rele-

vantes de la isla con su trabajo con diferen-

tes materiales pétreos que singularizan las

formas de la isla. lo que mejor define su

obra tal ligada a la geología de la isla son

las palabras que le escribió eliseo izquierdo

en el texto de un catálogo en el año 2000:

«la Pasión de Pedro Zamorano por la

escultura renació en Canarias al socaire

de su vocación por la geología. Antes de

llegar a la Gomera había hecho alguna

obra, dice él seducido por la fresca belleza

y la fuerza expresiva de la de oteiza, los

años que vivió en el País Vasco. luego fue

la decisión de dar un salto copernicano e

instalarse en el otro extremo. en la isla

comenzó a investigar y a descubrir, en la

variedad casi inabarcable de muestras

rocosas que atesora, piezas de hermosa

textura, de inusitadas calidades cromáti-

cas, de formas sugerentes. Conoció al

veterano geólogo Telesforo Bravo, con

quien se pateó, encandilado por tanta

belleza, hasta los más apartados y olvida-

dos senderos isleños. Pero su mirada era

otra. Miraba con ojos de artista. Sus

hallazgos selectivos testimonian, es ver-

dad, el caudal extraordinario que desde la

perspectiva geológica han depositado en

la Gomera las convulsiones telúricas que

terminaron por configurar la isla como un

enorme puño crispado que surge del mar.

Pero dice mucho más, sin duda, de su

intuición, de su sensibilidad para atisbar

con seguridad las formas encerradas en la

calidad de esas piedras que parecían

olvidadas para siempre entre tempesta-

des de rocas o como restos de un inmenso

naufragio, y Pedro Zamorano ha ido recu-

perando con paciencia: basaltos de grano

fino, traquitas, fonolitas, ankaramitas,

gabros, werhlitas, todo un riquísimo

repertorio que sólo serían despojos mine-

rales de remotos cataclismos y sacudidas

de la tierra si la mirada certera del artista

no las hubiese redimido, transfigurándo-

las por el arte».