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H

asta hace tan sólo un siglo y medio, la historia natural del archipiélago

canario estuvo muy unida a los mitos y leyendas transmitidos por los

relatos grecorromanos.

Las características geográficas, origen y naturaleza de sus habitantes, entre otras

peculiaridades, han sido siempre objeto de especulación, admiración y, en

ocasiones, incredulidad. Las descripciones tan asombrosas sobre las bondades

de sus tierras y la magnificencia de sus condiciones ambientales convirtieron a

las islas en un lugar casi mágico y misterioso para la civilización occidental.

Se las llamó las Islas Afortunadas. Mitos e historias increíbles, como el del

paraíso, Jardín de las Hespérides, la isla de San Borondón, la misteriosa

Atlántida o el lugar donde se encuentra la montaña más alta del mundo,

contribuyeron a mantener vivo el deseo de conocer y estudiar tan extraordinaria

región de la tierra.

Durante los siglos XV y XVI, la expansión europea hacia América y África hizo del

archipiélago canario una escala indispensable para el aprovisionamiento de los

navíos antes de emprender tan largos y duros viajes oceánicos.

Marinos, comerciantes, naturalistas, viajeros y aventureros han sido algunos de

los grupos sociales que contribuyeron al avance del conocimiento científico de

las islas y su propagación en la sociedad europea. Ellos fueron los que relataron

y difundieron en sus gobiernos, academias o sociedades científicas lo que allí

vieron, estudiaron o muestrearon. Canarias siempre fue, y sigue siendo, la meta

de muchos vulcanólogos, botánicos y zoólogos.

INTRODUCCIÓN