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Debajo de su misma imagen brota,
y la porción nacida
impide el nacimiento en cada gota
de la que está enseguida
por venir a la boca de su vida.

La ausente actividad se hace reposo
copioso de frecuencia:
reclusa su inquietud en breve coso,
socorros con paciencia
de cuerda aguarda, coro de inocencia.

Por más que el cubo en su unidad ahonde
no merma ni acaba;
este dulzor proviene de algún donde
que no se menoscaba
y que está, sin estar, en donde estaba.

Permanentes frescuras manantiales
que en mi mano convoca
en sus hondos estados primordiales:
¡Nada más! agua y roca:
ni cielo ni mirada, ni luz ni boca.

Ningún tropiezo espumas le origina
ni voces le derrama...
¡Qué gracia circular! ¡Qué fría mina!
De agua sin río y brama,
sin corriente, sin márgenes, sin grama.

Rascacielos, oh pozo soterraño,
subterránea manida;
aquí el árbol dejó, al amor del baño,
su vena empedernida, su vida/
desposada con su herida.

Miguel Hernández (1910-1942).
Poemario del Primitivo Silbo Vulnerado.
Las Aguas Subterráneas. Un recurso natural del subsuelo
Pozo mío